domingo, 24 de marzo de 2013

El reencuentro

Salimos del Coco Rumba alrededor de la 3 de la madrugada. Nos subimos a mi coche y manejé en dirección a su casa.

–No quiero ir a mi casa –Dijo mientras se recostaba sobre mi brazo derecho–. Quiero pasar la noche contigo.

–¿En serio?

–¡Claro! ¿Por qué lo dudas?

–No lo dudo. Francamente deseaba que me lo pidieras. No he dejado de pensar en ti y en todo lo que sucedió la semana pasada.

–¡Fue una noche grandiosa! Y hoy quiero revivirla.

–¡Perfecto! Entonces, vamos a mi depa. ¿Te parece?

–¡Estupendo!

Me di la vuelta en el primer retorno y nos dirigimos hacía mi departamento, el cual quedaba mucho más cerca que su casa. Al llegar, justo bajando del coche, se me acerco y me abrazó fuertemente e inmediatamente nos fundimos en un beso apasionado. Subimos las escaleras entre besos y caricias. Al entrar, los besos subieron de intensidad. Poco a poco nos fuimos despojando de la ropa. No puedo describir lo que sentí al verla desnuda. Me hubiera gustado quedarme allí mirándola eternamente.

–Me encantas –le susurré al oído–. No puedo creer que tenga tanta suerte. Jamás una mujer tan bella se había interesado en mí.

–¿Lo dices en serio? O solo porque me tienes desnuda sobre tu cama.

–Lo digo enserio. No niego que he salido con varias chicas, son los gajes del oficio –me eché a reír de forma sarcástica–. Pero ninguna tan hermosa como tú.

Me miró fijamente a los ojos y nos volvimos a besar. Con mis labios fui recorriendo cada parte de su cuerpo. El sentir el contacto con su desnudez provocaba en mí sensaciones que jamás había sentido. Por lo menos, no de forma tan intensa. No esperamos más e hicimos el amor durante toda la madrugada hasta quedarnos completamente dormidos. La celebración de este reencuentro superó, por mucho, mis expectativas.

Al día siguiente me volví a reunir con Timbalero para grabar otra sesión para el proyecto Conga & Drums. En esta ocasión me tocaría ejecutar las congas en una de mis canciones favoritas: Hasta que se rompa el cuero. El video alcanzaría  las mil visitas en el primer día de haberlo subido al Youtube. Los comentarios que he recibido han sido magníficos. Sin duda, en muy poco tiempo, he logrado alcanzar uno de mis máximos sueños: consolidarme entre los grandes percusionistas que ha dado México y América Latina.
Seguiré rompiendo el cuero y disfrutando de los muchos placeres que me faltan por disfrutar en esta excitante y apasionate carrera musical.

lunes, 18 de marzo de 2013

Zulema




Otra noche más en el Coco Rumba. El lugar, como siempre, está a reventar. Estoy muy feliz de que las sesiones con Timbalero vayan viento en popa. Ayer, cuando me llamó, me dijo que ya vamos por las 10 mil visitas en menos de una semana. Me siento totalmente renovado, con nuevas metas. Hasta hace dos semanas no sabía adónde me conduciría la vida. Ahora las cosas están más claras. La propuesta que me hizo Porfi Baloa me tiene emocionado. Alguna vez soñé con formar parte de una gran orquesta, hacer presentaciones en los mejores lugares, en otros estados, en otros países; desgraciadamente, por la universidad, no había podido hacerlo. Nunca me había imaginado que estas sesiones me trajeran algo tan bueno. Con la propuesta de grabar como artista invitado, no solo con una orquesta, sino con varias, podré hacer que mi arte recorra el mundo sin la necesidad de hacerlo personalmente. Es por eso que, sin pensarlo, acepté; además la paga será excepcional y podré asistir al Coco Rumba de manera normal.

Desde que salí de mi casa tuve el presentimiento de que esta noche sería especial y no me equivoqué. Al empezar la primera intervención no pude dejar de mirar a la hermosa mujer que se había sentado a la mesa más cercana al grupo y que no dejaba de mirarme y sonreírme. Era Zulema, a quien no veía desde ese encuentro apasionado que tuviéramos la semana pasada, por lo que mi emoción no esperó en mostrarse. Me puse demasiado nervioso, las manos me sudaban, mi cara enrojecía con cada sonrisa de ella.

Una vez terminada la intervención musical, corrí hacia ella. Sin pensarlo la abracé fuertemente y le dije al oído lo feliz que me hacía verla. Al vernos, frente a frente, no pudimos resistirlo más y nos besamos lenta y tiernamente. Me senté con ella y le pedí al mesero que me trajera una cerveza. Le dije lo linda que se veía, incluso más que la última vez que la vi. Ella me reprochó el hecho de no haberle llamado en todos estos días y yo, por mi parte, hice lo mismo.

Le pedí que no se fuera y que una vez terminando mis turnos la llevaría a su casa o donde quisiera. Pensé que sin duda la celebración de este reencuentro sería fenomenal…

lunes, 11 de marzo de 2013

Session

Llegué a casa de Timbalero como a la tres de la tarde. La cita para la primera sesión era a las cuatro, pero aproveché para darle un vistazo a la remodelación que le había hecho al viejo cuarto de ensayo. Quedé sorprendido con los cambios. El lugar estaba totalmente diferente a como lo recordaba. Tenía piso nuevo, las paredes estaban adornadas con guitarras, bajos, trompetas de utilería y varias fotos de Timbalero acompañado de celebridades como Oscar D´ León, el Junior, Porfi Baloa, Eddie Santiago, Pepe Espinosa, entre muchos otros. Acondicionó, también, una pequeña sala con una mesa de centro y en una esquina una pequeña cantina con refrigerador y toda la cosa.  A un costado de la pequeña sala estaba el espacio donde íbamos a tocar. En el ya se encontraban unas congas “Poncho Sánchez” equipadas con parches Skyndeep de Remo, unos timbales “Tito Puente”, unos bongos Matador y una mesa en donde había todo tipo de percusiones (campanas, güiro, maracas, cortinas chinas Timbalero había comprado todos estos instrumentos. Enfrente de ese espacio había tres cámaras de video y justo detrás de ellas estaba la consola para ecualizar el audio. Me di cuenta que el proyecto Conga & Drums iba enserio.

               –Tú te vas a hacer cargo de eso –me dijo mientras yo revisaba, uno a uno, cada instrumento.

               –¿Cómo? –pregunté algo sorprendido.

               –Que tú vas a tocar todos, siempre y cuando sea necesario.

               –¡Claro! Por mí no hay problema.

               –Dependiendo la rola y los colegas que asistan, tocarás las congas, el bongó o hasta los timbales. ¿Crees poder hacerlo?

               –Por supuesto, solo que tendrás que tenerme paciencia ¡eh!

               –Si hombre, no te preocupes. También ellos cometen errores, no creas que son tan perfectos. Ya lo verás.

 

A las cuatro en punto sonó el timbre.

               –Ya llegarón –dijo mientras salía a abrir la puerta.

Mi sorpresa fue mayúscula al ver a todas las personas que entraban. Eran Porfi Baloa (pianista y director musical de Adolescentes Orquesta), Dany Rodríguez (bongosero de The Jazz Stars), el Pequeño Johnny (conguero de la misma orquesta), Pepe Pepito Gómez (vocalista de la Sonora La Típica), Arturo (el trombonista de mi grupo) y Kevin Pagas (Bass de Latin Brothers). Además de ellos, Timbalero, invitó a su papá para que tocara la trompeta y a dos amigos más para que ayudaran con las maracas y el güiro, yo, en esa ocasión tocaría los timbales, puesto que, Timbalero, se iba hacer cargo de la grabación y de la consola de audio.

La sesión estuvo magnifica, el ensamble fue perfecto tocamos cinco rolas de las cuales la mejor, sin duda, fue “Guaripumpe”. No es por presumir pero el solo de timbales me salió excelso.


lunes, 4 de marzo de 2013

Conga & Drums


Durante muchos años nos reunimos en su casa para hacer algunas sesiones musicales con muchos de los colegas que íbamos conociendo. Esto nos ayudó a formar varias agrupaciones con las que tocábamos por pequeñas temporadas (la última agrupación nacida de estas sesiones fue, precisamente, El Grupo Contraste); sin embargo, nada es eterno y, por azares del destino, tuve que elegir entre dedicarme a la música de manera profesional o seguir con mis estudios. En ese momento estaba estudiando la preparatoria y a pesar de que tocábamos muy seguido y que ganaba muy buenos pesos por cada presentación, consideraba que en este medio nada era seguro, que así como había chamba por largas temporadas, también podía no de haber. Así que decidí seguir mis estudios y me conformé con tocar en grupos como en el que estoy. Era la única forma de poder asistir a la escuela por las mañanas y tocar por las noches o fines de semana.

Timbalero, si optó por hacer carrera musical. Actualmente toca en la Sonora Dinamita de Oscar Argaín, el Junior, por lo que se la pasa viajando todo el tiempo. Gana muy bien y todos los gastos de sus viajes corren a cargo de la sonora. En estos viajes ha conocido a muchísimos músicos, tanto mexicanos como extranjeros. Actualmente traé entre manos varios proyectos: uno de ellos es el motivo que lo ha traído esta noche al Coco Rumba.
 
–Timbalero, ¿Cómo estás?, cuánto tiempo sin verte ¡carajo! –me levanté y le di un fuerte abrazo.

–Sí, ¡caray!

–¿Qué te trae por aquí?

–Te he estado buscando y Arturo me dijo que andas tocando con él. Por eso vine.

–Y ¿para qué soy bueno?

–Recuerdas las sesiones que hacíamos en mi casa.

–Claro. Cómo olvidarlas.

–Pues quiero hacerlas de nuevo. Solo que ahora las quiero llevar a otro nivel.

–¿A otro nivel? –pregunte con especial asombro.

–Sí mi hermano. Traigo entre manos un proyectito llamado Conga & Drums y pretendo reunir a varios de los músicos famosos y no famosos que he conocido a lo largo de mi carrera.

¡Wow! Es algo ambicioso.

–Ambicioso, sí, pero no imposible. De entrada te digo que instalé todo un estudio musical en el viejo cuarto de ensayo y filmaré cada una de las sesiones para subirlas a YouTube semanalmente. ¿Qué te parece?

–Me parece una excelente idea. Me siento muy alagado de que hayas pensado en mí para esto.

–Cómo no hacerlo si eres uno de los mejores percusionistas que conozco, no entiendo como no te has dedicado a esto profesionalmente, yo te puedo ayudar si tú quieres.

–Por ahora no, mi hermano, ya veremos después.

domingo, 24 de febrero de 2013

Timbalero


Por fin ha caído la noche. En unas horas comenzará nuevamente el show. Alisto mi vestimenta para el día de hoy. Según recuerdo, Arturo —trombonista y director musical del grupo— me había pedido que nos vistiéramos con traje gris, camisa rosada, corbata del mismo color y unos zapatos cafés. Adicional a esto incluyo unas gafas oscuras —muy parecidas a las que usaba John Lennon o Jean Reno en la película El perfecto asesino— también una arracada sobrepuesta en el oído izquierdo (no tengo perforación) y un sombrero tipo porkpie al color del traje. Siempre he considerado que el vestuario de un músico debe tener algo que lo haga destacar, que lo haga identificable dentro de la agrupación, una especie de disfraz. Para mí, el subirme a un escenario significa una transformación en un personaje distinto al que soy en la vida cotidiana. A través de la música, libero y canalizo todas mis sensaciones reprimidas por la cotidianidad.

Llego al Coco Rumba poco antes de las nueve de la noche. El lugar ya está lleno. Me dirijo hacia la barra y pido una cerveza. Poco a poco va llegando el resto de la agrupación. De pronto alguien golpea mi espalda.

—¡Richie! —dijo una voz que me parecía muy familiar. Al volverme, mi sorpresa fue mayúscula: era Timbalero, mi mejor amigo desde la adolescencia.

Iván Flores ganó su sobrenombre por la forma tan virtuosa de tocar los timbales. Es la persona a la que le debo mi pequeña carrera musical. Lo conocí en el primer grado de la secundaria y gracias a los constantes trabajos en equipo que dejaba nuestro profesor de Historia nos hicimos grandes amigos. Recuerdo perfectamente la primera ocasión en que fui a su casa a realizar uno de esos trabajos. Quedé totalmente sorprendido al ver a la orquesta que ensayaba en el estacionamiento. Su papá era el trompetista de aquella orquesta, y Timbalero precisamente estaba haciendo sus pininos en la percusión. Aquella escena marcó completamente mi vida y desde ese momento supe que quería dedicarme a la música.

Esa tarde no hice otra cosa más que preguntarle todo sobre la orquesta y cómo se había unido a ella mientras le externaba lo mucho que a mí me gustaría aprender a tocar algún instrumento y formar parte de una orquesta parecida. Al día siguiente me hizo la propuesta de enseñarme lo poco que, hasta ese momento, había aprendido en el bongó. Fue en ese momento en el que se sellaba, al ritmo de la música, una amistad que perdura hasta estos días.

lunes, 18 de febrero de 2013

Coco Rumba

       Seis de la mañana. Suena el despertador. La típica melodía molesta la cual, por alguna extraña razón, no he cambiado desde hace tres años. Torpemente me dirijo hacia el baño. De forma casi inconsciente abro la llave de la regadera. Mientras el agua tibia recorre lentamente mi cuerpo salgo del trance y comienzo a recordar la noche anterior llena de buenos momentos, pero sobre todo, de muy buena música.

Una vez concluida la ducha, regreso a mi habitación, enciendo el televisor para enterarme de las noticias matutinas y del reporte del tráfico, me visto rápidamente, saco del refrigerador un yogurt, tomo las llaves del auto y salgo apresuradamente para poder llegar a tiempo a la Universidad.

Al llegar, tarde como casi siempre, la profesora de México me echa una mirada de pocos amigos. Sin embargo me permite entrar a clase. Ella, como casi todos mis compañeros, ignora que llevo una doble vida. Por las mañanas soy estudiante de la Licenciatura de Derecho en la UAM y por las noches el percusionista del Internacionalmente desconocido Grupo Contraste. Una agrupación musical que está integrada por cerca de doce músicos —incluyéndome— y que nos dedicamos a tocar, en un pequeño bar llamado El Coco Rumba, lo mejor de la música cubana, puertorriqueña y colombiana de todos los tiempos.

Cada noche en el Coco Rumba, para mí, es especial. Aparte de disfrutar de buenos tragos, también me puedo dar el lujo de bailar con muchas de las chicas que acuden a este lugar en busca de diversión y que, muchas veces, tienen una cierta atracción por los integrantes de la orquesta en especial por los más jóvenes como yo.

Es por eso que yo amo este oficio. No solo por las chicas, sino que me permite liberarme de todo el estrés que me causan las actividades diarias. No puedo describir la forma en cómo el sonido de cada uno de los instrumentos se fusionan en perfecta sincronía, en cada pieza musical. El sentir la armonía del piano combinada con las notas sincopadas del contrabajo; el ritmo de la cascara, las maracas y el güiro; el bongó con su clásico golpe de martillo y, por supuesto, mi mágico instrumento: las congas transmitiendo, en cada golpe, esa vibración en los pies que hace que las parejas se acerquen a la pista a mostrar sus mejores pasos de baile.
 
Por ahora tengo que despedirme. Pero cosas importantes harán que la vida de este músico cambie. ¿Para bien o para mal? Ya lo descubriremos.